domingo, 23 de julio de 2017

Guinea Española y su especial relevancia en la Guerra Civil



Cuando nos cuentan la Guerra Civil nos dicen que la insurrección comenzó en el Marruecos Español y pronto se extendió a la Península. Canarias también tuvo un papel importante en la conspiración y por ello tiene algo de protagonismo (acordaos del Dragon Rapide y todo eso). Pero resulta que España tenía otro territorio por ahí perdido.

¿Lo veis?

Un momento, lo voy a poner un poquico más grande.

Es la Guinea Española. Y si nos ponemos tiquismiuis, aunque menos famoso, era un territorio más español que Marruecos: el primero tenía el estatus de “protectorado”, mientras que Guinea era una “colonia”.

España tenía un trozo de terruño en la zona del Golfo de Guinea que brillaba por su importancia estratégica. Era tan valioso que en los libros actuales de Historia ni se suele nombrar. En general era un terreno sin relevancia política, económica o cultural, y su principal característica era que producía cacao para la metrópoli.

Quiero decir, el chocolate para mi es algo valioso, pero Bélgica se estaba llevando recursos más importantes como caucho, Francia se llevaba petróleo y Gran Bretaña extraía metales preciosos y diamantes. Nosotros nos habíamos quedado con la colonia de Río de Oro, que tenía un nombre muy bonito pero que no era más que un secarral pedregoso con costa. Y que las colonias españolas produjeran cacao, pues que quieres que te diga, me sabe a poco.

Y gracias a la Guinea Española, en los años 60 se producían estas situaciones.

Es comprensible que la Guinea Española no fuera un centro político de primer orden cuando estalla la sublevación militar de 1936. La población española apenas era dos millares de personas, que ni siquiera habían llevado a cabo una labor de colonización sino que habían llegado y se habían limitado a poner a trabajar mucho y muy fuerte a los negros del lugar. Y dada su distancia de la metrópoli, nadie se interesaba mucho por ver cómo le iba a los indígenas.

El dominio español se dividía entre la Guinea Insular y la Guinea Continental. La Guardia Colonial, una especie de cruce entre militares y policías (más o menos como una Guardia Civil colonial) era la garante de mantener el orden. Tampoco es que hubiera muchos altercados, porque los votantes del Frente Popular apenas llegaban al centenar.

Si en España no había dinero para botas militares, en Guinea no había dinero ni para alpargatas.

El caso es que se produce el golpe de estado fallido y la colonia sigue “a su aire” con normalidad. A un buque de guerra español (el crucero Méndez Núñez) que habían destinado a Guinea le pilla la sublevación en alta mar y nada más llegar lo llaman a la metrópoli, para que a medio camino le digan que no, que vuelva a Guinea. Cuando se estuvo seguro que se había detenido a los oficiales más sospechosos y elegido a otros más fieles a la República, se le ordenó volver a Málaga. Un mareo.

Después de que el crucero se marchara, la Guinea Española era como una guardería en la que el profesor se ha ido a por unas fotocopias que se ha dejado en el despacho. Sin supervisión, el revoltoso de la clase empezó a reírse del empollón. Alguien empezó a gritar “a la seño vas”. Uno ni siquiera se enteró porque no había ido a clase. Otra persona se dedicó a dibujar pollas en la pizarra. Sin contar con el grupito del final del aula que pasa de todo. Extrapolad esos comportamientos a la Guinea Española.

Vale, explotamos la colonia para extraer chocolate y maderas tropicales. Pero a cambio 20 años después los guineanos podían disfrutar de la visión de la GUARDIA CIVIL TROPICAL.

Pero la trayectoria del Méndez Núñez nos da una idea de lo que ocurrió durante la sublevación. Los colonos eran pocos y todos se conocían. Sin apoyo de uno u otro bando, los opositores se dedicaron a gritarse en las tertulias políticas durante dos meses. A finales de septiembre, la Guardia Colonial decidió posicionarse con el bando franquista y arrestó a doce personas. El saldo de bajas de esa noche se salda con un herido en la pierna por la única bala que se disparó por error. La insurrección había triunfado, al menos en las islas.

En el continente siguieron resistiendo los fieles a la República. El bando sublevado tuvo que embarcar a un puñado de voluntarios falangistas canarios para desembarcar en las playas republicanas guineanas. Después de una resistencia más de “voy a probar suerte” que de “prefiero morir de pie a vivir de rodillas”, los republicanos pusieron pies en polvorosa y huyeron a Camerún o Gabón.

El Alzamiento había triunfado en la Guinea Española, tarde, mal y de una forma un tanto extraña, pero ya había triunfado.


Aunque tampoco es que a los negros indígenas les cambiara demasiado la vida.

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