domingo, 24 de julio de 2016

Recreación histórica [opinión personal]



A lo mejor esta semana he puesto menos humor del que os tengo acostumbrados, pero también creo que ese humor ha sido sustituido por reflexión individual, haciendo algo más personal la actualización de hoy.

Este lunes (¡un lunes! ¿a quién se le ocurre hacerlo un lunes?) se celebró la III recreación de la Inauguración de la Estación de Canfranc. La gente normal, en verano, se va de festivales de música a darlo todo escuchando los grupos más populares. Yo, por mi idiosincrasia personal, suelo ir a recreaciones históricas a disfrutar de otros tiempos.

Porque eso de viajar en el espacio es demasiado vulgar, lo que se lleva ahora es lo de viajar en el tiempo. Mientras Salou o Benicassim están llenos de gente, solamente unos pocos tenemos el gusto lo bastante refinado como para viajar a 1928. Sin puertas del tiempo ni nada, solamente con un medio de transporte que te lleve a la Estación Internacional de Canfranc.

Ya comenté hace un tiempo lo fácil que es dejarse llevar por el paisaje en un paraje como Canfranc. Los ecos de una gloria pasada resuenan, no sólo en la gigantesca estación, sino en todo el valle, y eso es precisamente lo que atrae a tanta gente. El hecho de que el lunes 18 hubiera un montón de personas vestidas de época, solo reforzaba esa sensación.

Para todos aquellos que les llama la atención el mundillo de la recreación, les recomiendo que se inicien en eventos pequeños como este, en el que la moda no ha cambiado tantísimo. Es fácil encontrar en el armario de la casa del pueblo ropa “que dé el pego” y se compren alguna prenda para redondear la apariencia. Por ejemplo: chalecos, corbata y ropa formal tenemos todo el mundo, puedes comprarte un reloj de bolsillo (5 euros en su chino más cercano) y un sombrero de copa barato (30 euros en alguna sombrerería).

De esta forma, por unos 40 euros podrías asistir y sentir lo que significa meterte en el papel de una persona de los años 20. Si asistieras a un evento medieval, por ejemplo, el desembolso es mayor, porque es menos probable que tengas ropa aprovechable. Ah, y en cuestión de recreación, siempre es más barato recrear un civil que un militar, es un consejito personal que os doy.

Me llena de ilusión que se estén poniendo en valor este tipo de eventos en España. Los veranos son tiempo de iberos y romanos (diferentes a los “romanos” de Semana Santa), de medievales, de napoleónicos… y raro es el pueblo que no intente apuntarse al carro, aunque sea con trajes comprados en tienda de disfraces. Significa que, aunque vivamos en el país del fracaso escolar y del menos precio a todo lo que huela a libro, la Historia sigue interesando a la gente, aunque sean eventos locales pequeños.

Por poner un ejemplo: todos los reunidos el pasado lunes en Canfranc aguantamos, bajo un más que cálido sol de julio, casi una hora de discurso histórico que dio el Alfonso XIII real en 1928 cuando inauguraba la estación. Esas mismas personas asistieron luego a la inauguración del túnel y se metieron en los personajes (un agradable caballero se quitaba el sombrero de copa cada vez que nos cruzábamos, a modo de saludo). Una persona a la que no le gusta la Historia, directamente no hace esas cosas.

De hecho, he disfrutado creando el traje que llevé a la recreación, aunque fuera humilde y de un solo día (algunas recreaciones militares suelen durar todo un fin de semana, por ejemplo). La ropa que llevé estaba contrastada con fotografías de la época, intentando captar el estilo de la gente de los años 20. Como especialista en ese periodo, no me costó encontrar ejemplos de ropa en periódicos y fotografías. Por eso, aunque el primer paso sea el de investigar sobre periodo y pueda parecer algo aburrido, el resultado suele resultar espectacular.


Porque cualquier recreación histórica es llamativa, aunque no participes. Si encima te ves dentro de todo el meollo, la recreación tiene un poder evocador que deberías probar y experimentar.


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